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Guerreras de corazón: las enfermeras de EsSalud y su lucha diaria contra el COVID-19

En el día Internacional de la mujer, 4 enfermeras de EsSalud revelan como es el día a día en un centro hospitalario en pandemia. Conoce en esta nota como es que entregan todo de ellas para salvarles la vida a sus pacientes.
9:32 h - Dom, 7 Mar 2021

En esta pandemia, las mujeres le han demostrado a la sociedad lo fundamentales que son en el ámbito profesional, sobre todo, en el sector salud; ya que, en estos tiempos, muchas son las encargadas de cuidar a los miles de pacientes afectados por el COVID-19. 

Además, son las primeras en recibir el llamado del paciente, en atenderlos, en asistir los más complejos procedimientos; sin embargo, más allá de la atención en salud, son el soporte emocional de todos aquellos que batallan en una cama hospital en busca de salud y a veces, de un milagro que salve sus vidas.

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Ellas son enfermeras y tienen claro que no se trata de una profesión, sino de pura y absoluta vocación de servicio a los demás.

Hermanas y enfermeras

Rosa Alvarado es enfermera desde hace 16 años, pero trabaja en el Instituto Nacional Cardiovascular, desde el 2008. Nació en Huánuco y es la mayor de 6 hermanos. Ella asegura que la relación enfermera-paciente es tan estrecha, que sienten a las personas que atienden como parte de su familia.

“Hay pacientes crónicos con los que te sientes tan identificada. Tenemos pacientes con falla cardíaca avanzada que han fallecido y esa muerte te duele tanto como si fuera tu familiar, porque te acostumbras a ellos por el trato más cercano”, expresó.

Asimismo, confiesa que el temor de contagiar a sus padres casi la hace retroceder, pues la pandemia le iba mostrando su peor rostro, llevándose no solo a sus pacientes, sino también a sus compañeros de trabajo.

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Aunque sus ojos reflejan angustia al recordarlo, de pronto se sobrepone y se retracta: “Una vez que llego al hospital se va todo el temor, yo tengo que estar bien para ayudar a los que están mal, sobretodo ahora que mis pacientes no tienen visita familiar. Yo les explico, les hago videollamada. Gracias a Dios que se pudo hacer eso, porque nosotros tenemos pacientes cardíacos y pueden fallecer".

De la misma manera, agregó que "eso me pasó con un paciente, se sentía triste porque no veía a nadie. Ese día hablo con su hija, con su yerno con toda la familia y en la noche falleció de un paro cardiaco. Fue la última vez que pudo ver a su familia”.

Termina el relato diciendo que ser enfermera no es solo poner la medicación, sino convertirse en un soporte donde evalúas no solo el aspecto físico, sino también el emocional de tu paciente. A Rosa ser enfermera le ha permito no solo vivir una gran pasión, sino también compartirla con su hermana. 

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Gloria Alvarado es enfermera del INCOR desde el 2012 y tiene claro de dónde le viene la vocación y admiración por la labor asistencial. “Mis padres, que son profesores, siempre hacían labor social en centros comunitarios, de ahí me nació la vocación de apoyar a las personas". 

Posteriormente a eso, "mi hermana fue un ejemplo para mí, ella siempre nos ayudó en casa a poder seguir estudiando, era difícil que todos estudiemos y ella nos ayudó a todos. De ahí nació mi inclinación por la enfermería”, recalcó.

Rosa y Gloria son enfermeras de la Unidad de Cuidados Cardíacos Agudos del INCOR, un servicio que se le da a todo paciente ingresante para ser diagnosticado y que en su estadística, de los dos primeros meses del 2021, ya registra 450 atenciones.  

En el trabajo son enfermeras, pero de corazón siguen siendo hermanas. Dicen que la pandemia les ha enseñado a valorar aún más la familia y, en tiempos de distanciamiento, es una bendición poder estar cerca para cuidarse la una a la otra. 

La pasión no tiene edad

Una llega casi a los cincuenta y la otra tiene veinticuatro abriles. En la Villa Panamericana, la pasión no tiene edad; en este centro de Atención y Aislamiento temporal se atendieron 4,500 diagnosticados con COVID, solo entre enero y febrero de este año.

De esa manera, las enfermeras también han jugado un rol fundamental, y es que la segunda ola duplico el número de ingresantes, pasando de 1,673 pacientes en enero a 2,847 en febrero último. Aquí, médicos y enfermeras no solo exponen sus vidas, sino que son capaces de alejarse de sus propias familias para internarse con ellos en esta lucha por la vida. 

“Cuando me invitaron a la villa panamericana, no lo pensé. Me dijeron que era para atender pacientes COVID y fui decisiva. Yo soy de Ica y vine porque sabía que me necesitaban para batallar contra esta pandemia. Me vine dejando a mi familia con mucha tristeza, pero llegué a la villa y ahora sigo aquí trabajando para brindarle lo mejor a la población”, resaltó Frecia Morán Cajo, quién tiene 24 años de edad, 4 de enfermera y apenas 10 meses como inquilina de la villa Panamericana.

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Además, es la más joven, pero no por ello la pandemia ha sido condescendiente con ella. “La mala experiencia es no poder salvar a un ser humano, cuando realmente uno hace todo lo posible. Esta enfermedad complica tanto al paciente que no podemos hacer nada y sentimos gran impotencia la ver que esos pacientes no pueden salir caminando y abrazarse nuevamente con sus familias, sus hijos, sus padres”.

Es parte de la impotencia que siente Frecia, aunque reconoce también que su más grande satisfacción es ver a un enfermo recuperado y de alta. 

Momentos memorables como los que María Lourdes Gutiérrez atesora, "cuando un paciente sale de alta es el mejor regalo y la mejor satisfacción como enfermera. Acá tenemos muchos pacientes de alta, pero me llamó mucho la atención el caso de una familia, toda una familia estuvo hospitalizada".

"El familiar muy agradecido, nosotros les hicimos una despedida con globos, con pancartas y hasta ahora me llama el paciente porque está muy agradecido”, agregó. María Lourdes lleva 25 años en este menester, pero no por ser la más experimentada de la Villa siente menos cada alta, ni mucho menos cada muerte. Ella sabe que también arriesga su vida y está dispuesta a seguirlo haciendo por todos ellos a los que se debe: sus pacientes. 

Rosa, Gloria, Frecia y María Lourdes son apenas 4, de los 15,755 hombres y mujeres entregados a la enfermería, en las 29 redes prestacionales y asistenciales con las que cuenta EsSalud. A través de ellas y de su trabajo, nuestro más sincero saludo y reconocimiento a la mujer en su día. 


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